Sigamos celebrando la independencia
- AdoracionDigital.com

- 7 jul
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Actualizado: 19 jul

El 4 de julio marca una fecha icónica en la historia de los Estados Unidos: el Día de la Independencia. Anualmente se celebra con fuegos artificiales, desfiles, banderas ondeando y discursos patrióticos que exaltan la libertad conquistada por una nación. Pero mientras la nación celebró su independencia política, yo sigo celebrando una libertad aún más profunda: mi independencia espiritual.
¿Realmente somos libres?
La libertad más peligrosa no es la que se pierde ante un sistema político opresor. La esclavitud más sutil y devastadora es la esclavitud espiritual. Podemos vivir en una tierra libre y, sin embargo, estar atados por el pecado, la culpa, el pasado o las adicciones.
El pecado te promete alas, pero te pone cadenas.
Muchos asocian la libertad con hacer lo que les plazca: placeres, vicios, rebeldía, orgullo. Pero esa "libertad" es una trampa que lleva al alma a la condenación. La Biblia lo dice claramente en Romanos 6:20-21:
“Cuando eran esclavos del pecado, estaban libres de la obligación de hacer lo correcto. ¿Y cuál fue la consecuencia? Que ahora están avergonzados de las cosas que solían hacer, cosas que terminan en la condenación eterna.” (NTV)
El mundo ofrece libertades temporales que conducen a esclavitud eterna
Muchos celebran la libertad, pero siguen siendo esclavos de:
Adicciones (alcohol, pornografía, drogas).
Orgullo, odio, falta de perdón.
Apariencias y aprobación social.
Estas "libertades" no son otra cosa que yugos disfrazados. Son cadenas que atan el alma. Pero hay una buena noticia: Cristo vino a romper nuestras cadenas.
Jesús no remienda cadenas. Jesús las rompe.
Isaías 61:1 profetizó que el Mesías vendría a dar libertad a los cautivos, y en Lucas 4:18, Jesús mismo declaró que esa profecía se cumplía en Él.
“El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo…” (Colosenses 1:13)
Jesús ya pagó el precio de tu libertad en la cruz. La celda está abierta, pero muchos insisten en quedarse dentro.
¿Por qué?
Porque salir de la cárcel requiere decisión y arrepentimiento. Romanos 6:22 dice:
“Ahora que habéis sido libertados del pecado… tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.”
El arrepentimiento no es remordimiento, no es simplemente sentir culpa. Es un cambio de dirección. Es decirle “no” al pecado y “sí” a Dios. Es soltar las cadenas y caminar en libertad.
¿Eres verdaderamente libre?
Tal vez dices: “Pastor, yo ya soy creyente, ya soy salvo.” Pero te pregunto con amor: ¿Has dejado atrás las ataduras por completo? ¿Vives como Dios demanda? ¿O estás en dos aguas, aparentando una libertad que no es real?
1 Corintios 10:12 nos advierte:
“El que piensa estar firme, mire que no caiga.”
Este no es un mensaje solo para los de “afuera”. Es para la iglesia entera. Es para ti, para mí, para los líderes, para nuestros hijos. Es una llamada de alerta y un clamor de amor.
Hoy puedes declarar tu verdadera independencia
Gálatas 5:1 nos exhorta:
“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.”
Hoy puedes romper con la adicción, el rencor, el miedo, la religiosidad vacía. Hoy puedes declarar tu independencia del pecado, del pasado, del infierno.
Porque Jesús no solo quiere liberarte, sino también librarte.
Liberarte: romper tus cadenas.
Librarte: salvarte del juicio eterno.
Ambas promesas están en Cristo. Y hoy están disponibles para ti.
No se trata de fuegos artificiales. Se trata de fuego celestial.
La verdadera libertad no se celebra con pólvora, sino con arrepentimiento y entrega. No se trata de un acto simbólico, sino de una decisión personal y eterna.
“Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” (Juan 8:36)
¿Quieres comenzar de nuevo?
Haz esta oración con fe:
“Señor Jesús, hoy reconozco que he vivido esclavo del pecado. Creo que tú moriste y resucitaste por mí. Perdona mis pecados. Hoy me declaro libre en tu nombre. Te entrego mi vida. Desde hoy, tú eres mi Señor. Amén.”
Ya pasó el 4 de julio. Pero en tu corazón… la libertad debe seguir celebrándose.
No por la firma de una declaración… sino por el poder de una cruz vacía y una tumba abierta.
Nota: Este artículo fue desarrollado con asistencia de herramientas de inteligencia artificial, bajo la supervisión editorial del equipo de Adoración Digital.




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